CURRICULO, DIDACTICA DE LAS CIENCIAS NATURALES Y TECNOLOGIA
miércoles, 3 de junio de 2015
SESIÓNES NO. 7 A 10 EXPOSICIONES EN CLASE Y CNB
SERES BIOTICOS Y ABIOTICOS
FACTORES BIOTICOS
Los factores bióticos son todos los organismos de un ecosistema que sobreviven, es decir, los que tienen vida. Pueden referirse a la flora, la fauna, los humanos de un lugar y sus interacciones. Los individuos deben tener comportamiento y características fisiológicas específicas que permitan su supervivencia y su reproducción en un ambiente definido. La condición de compartir un ambiente engendra una competencia entre las especies, dada por el alimento, el espacio, etc.
Una población es un conjunto de organismos de una especie que están en una misma zona. Se refiere a organismos vivos, sean unicelulares o pluricelulares.
Se clasifican en:
- Productores o autótrofos, organismos capaces de fabricar o sintetizar su propio alimento a partir de sustancias inorgánicas como dióxido de carbono, agua y sales minerales. Las plantas son seres autótrofos.
- Consumidores o heterótrofos, organismos incapaces de producir su alimento, por ello lo ingieren ya sintetizado. Los animales son seres consumidores.
- Descomponedores, organismos que se alimentan de materia orgánica en descomposición. Entre ellos están las levaduras, los hongos y las bacterias.
FACTORES ABIOTICOS
Los factores abióticos son los distintos componentes que determinan el espacio físico en el cual habitan los seres vivos; entre los más importantes podemos encontrar: el agua, la temperatura, la luz, el pH, el suelo, la humedad, el oxígeno (sin el cual muchos seres vivos no podrían vivir) y los nutrientes.
Específicamente, son los factores sin vida.
Los factores abióticos son los principales frenos del crecimiento de las poblaciones. Estos varían según el ecosistema de cada ser vivo, por ejemplo el factor biolimitante fundamental en el desierto es el agua, mientras que para los seres vivos de las zonas profundas del mar el freno es la luz.
RECICLAJE
El reciclaje es un proceso cuyo objetivo es convertir desechos en nuevos productos para prevenir el desuso de materiales potencialmente útiles, reducir el consumo de nueva materia prima, reducir el uso de energía, reducir la contaminación del aire (a través de la incineración) y del agua (a través de los vertederos) por medio de la reducción de la necesidad de los sistemas de desechos convencionales, así como también disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con la producción de plásticos. El reciclaje es un componente clave en la reducción de desechos contemporáneos y es el tercer componente de las 4R (“Reducir, Reutilizar, Reciclar, Recuperar”).
Los materiales reciclables incluyen varios tipos de vidrio, papel, metal, plástico, telas y componentes electrónicos. En muchos casos no es posible llevar a cabo un reciclaje en el sentido estricto debido a la dificultad o costo del proceso, de modo que suele reutilizarse el material o los productos para producir otros materiales. También es posible realizar un salvamento de componentes de ciertos productos complejos, ya sea por su valor intrínseco o por su naturaleza peligrosa.
ANIMALES DOMESTICOS Y SALVAJES
ANIMALES DOMESTICOS
Se designa con el nombre Animal Doméstico a aquel animal que se encuentra domesticado y que por tal vive con el ser humano.
Se llama Domesticación al proceso mediante el cual un animal adquiere, pierde o desarrolla caracteres fisiológicos, morfológicos o de comportamientos que se convierten en hereditarios, siendo el resultado directo de la interacción deliberada y prolongada de dicho animal con el hombre.
Se llama Domesticación al proceso mediante el cual un animal adquiere, pierde o desarrolla caracteres fisiológicos, morfológicos o de comportamientos que se convierten en hereditarios, siendo el resultado directo de la interacción deliberada y prolongada de dicho animal con el hombre.
ANIMALES SALVAJES
Los salvajes su nombre lo indica se encuentran en su hábitat natural, en estado salvaje, viviendo bajo as leyes de la naturaleza haciéndose cargos ellos mismos de su alimentación, reproducción y por supuesto supervivencia.
TIPOS DE CLIMAS
El término clima alude al conjunto de condiciones atmosféricas como
humedad, presión, lluvia, temperatura, vientos, entre otros, que caracterizan a
una región en particular. La ciencia que se encarga de su estudio y predicción
en la meteorología.
Existen diversas formas de clasificar los distintos
tipos de clima, una forma de hacerlo es la siguiente:
1. Cálidos:
Los climas cálidos se caracterizan por superar los 20° C de temperatura
anual y en estos no existe una variación estacional bien marcada. En los
climas cálidos abundan las praderas, sabanas y selvas
Dentro de este podemos encontrar tres subdivisiones:
Dentro de este podemos encontrar tres subdivisiones:
Ecuatorial: es propio de la zona ecuatorial en la
que los rayos solares caen de forma perpendicular, causando altas temperaturas
durante todo el año. El aire es húmedo y cálido y predominan las
precipitaciones. En ellos prolifera una vegetación abundante y selvas tupidas.
Tropical: se ubican al norte y sur de las zonas ecuatoriales,
hasta los trópicos. Las lluvias abundan en verano fomentando la conformación de
sabanas. Además, su flora y fauna es muy variada.
Subtropical árido: en estos escasean las lluvias y por
tanto la vegetación también es poca. Se caracterizan por poseer una gran
amplitud térmica. Este tipo de clima se encuentra en el Suroeste de América del
Norte, norte y suroeste de África, centro de Australia, costa central y sur del
Perú, norte de Chile y oriente medio.
2. Templados:
Su temperatura media anual es de entre 10 y 20° C y las precipitaciones
son medias. A diferencia de los tropicales, existe una variación anual de la
temperatura, por lo que cada estación está bien delimitada.
Mediterráneo: Es propio no sólo de la zona mediterránea sino también del sudoeste
australiano, California, o del sudoeste de Sudáfrica y del centro de
chile. Los veranos son secos, soleados y cálidos y los inviernos
lluviosos.
Chino: La vegetación es abundante gracias a las constantes precipitaciones y
combina especies templadas con tropicales. A veces, hay ciclones tropicales y,
en invierno, heladas.
Oceánico: característico de zonas costeras, en las que
abundan las lluvias y nubes. Las temperaturas suelen ser uniformes, sus cambios
tardan en darse por lo que no hay inviernos muy fríos ni veranos muy calurosos.
Continental: presentes en el interior del continente, a
diferencia del oceánico, el continente se calienta y enfría más rápido, por lo
que los veranos son muy calurosos y los inviernos muy fríos.
3. Fríos:
Su temperatura anual no supera los 10°C, debido a la baja altura del sol en el horizonte. Hay casos en los que la noche puede durar hasta seis meses.
Su temperatura anual no supera los 10°C, debido a la baja altura del sol en el horizonte. Hay casos en los que la noche puede durar hasta seis meses.
Polar: propio de los círculos polares, la temperatura no supera nunca los 10°C,
la vegetación es muy escaza debido a la presencia de hielo, suele haber musgos,
plantas herbáceas y líquenes.
De alta montaña: las precipitaciones aumentan y la
temperatura disminuye a medida que hay mayor altitud. Este clima, se asemeja al
polar por sus bajas precipitaciones y temperaturas. La latitud, altitud, los
vientos y la posición en que caen los rayos del sol condicionan la vegetación
del lugar.
martes, 2 de junio de 2015
SESION NO. 6 ENTRE LA CIENCIA Y LA ESCUELA

La época actual enfrenta un
proceso de globalización evidente en el
aceleramiento en las comunicaciones, el flujo en las finanzas y la
economía, así como el creciente debilitamiento de las fronteras que separan a
los países. En este sentido se habla de
una globalización económica, social, política y cultural, ante la cual los
países se reorganizan en el intento de convertirse en fuerzas económicas y
políticas. Ello ha provocado grandes transformaciones en las formas de
producción, en las relaciones de los individuos, así como en las distintas
formas de pensar el mundo. En este marco, se destaca la competitividad como uno de los retos
fundamentales de la globalización.
Nuestro tiempo es símbolo de
cambios importantes en las disciplinas que conforman nuestros campos de
conocimiento que las han llevado a resignificar sus propósitos, a explorar
otros terrenos de estudio y a reconsiderar la forma en cómo se construye el
conocimiento. Lo dijo hace un tiempo el filósofo Kant lo importante es saber ¿qué
puedo conocer?, ¿qué debo hacer? y ¿qué puedo esperar? Cuestiones que han
llevado a pensar los problemas desde su multidimensionalidad.
Por otro lado, con la denominada
tercera revolución industrial se han
provocado cambios vertiginosos. Los últimos años del siglo pasado y el
principio de éste, se han experimentado
transformaciones que han llamado la atención de numerosos estudiosos, incluidos
en ellos, filósofos, científicos, psicólogos, y educadores, que han inaugurado nuevos campos de
investigación tanto para las ciencias naturales como sociales.
Con las nuevas tecnologías de la
comunicación, se dice que entramos en la era de la información, pero en
realidad deberíamos estar hablando de la era de la evaluación de las
informaciones y al mismo tiempo construir criterios de acercamiento a ésta para
separar la información de la inforbasura (Marina, 2000). A la par del auge de
las nuevas tecnologías en el ámbito educativo surgen preocupaciones orientadas
a las formas de saber y se inauguran debates de interés en las ramas de la
epistemología.
Al mismo tiempo en que se
globaliza la economía, las comunicaciones y las formas culturales, se ha
acentuado la polarización entre los
países y con ello se han incrementado las desigualdades en la producción
científica y tecnológica, lo cual ha provocado lo que se ha llamado la “brecha
digital” Lo más preocupante es que a la
par de las desigualdades en el ámbito de la ciencia y la tecnología, se haya
originado una “brecha cognitiva”, que sitúa
a los países en una situación de desventaja aún mayor. Como lo señala
Morín, aunada a una pobreza material en la que se encuentran numerosos
excluidos hay también una pobreza del alma y de la psiquis. El desarrollo
humano entonces debe estar definido por la integración y el diálogo permanente
entre los procesos tecnoeconómicos y las construcciones éticas para el
desarrollo humano. En este sentido es que se habla hoy de humanizar el
desarrollo. En este marco, resurge la
ciencia, la técnica y la economía como áreas indispensables para el desarrollo,
sin embargo, no pueden considerarse éstas de forma aislada a la ética. Es
necesario recuperar los juicios de valor y no solamente los juicios de hecho.
Generalmente, hablar de ciencia
nos remite a la dicotomía entre ciencias sociales y ciencias naturales como dos
mundos separados, acentuados por la forma en que se formaliza su aprendizaje y
en función de la estructura napoleónica, aún vigente en nuestras Universidades.
En ellas existen entidades académicas por “áreas” del conocimiento en las
cuales se prioriza y “enseña” lo que corresponde: una ciencia a la vez.
Por otro lado, desde la escuela,
se considera que el quehacer científico es cuestión de aficionados dispuestos a
formular respuestas a preguntas que “otros plantean” y se observa como una
actividad ajena a la vida escolar. Lejos se está de concebir a la ciencia como
andamio o salvavidas en la vida cotidiana. La realidad tal cual, bruta, nos es inhabitable,
requerimos de una realidad interpretada para poder sobrevivir y una de las
estrategias y formas de interpretación es la ciencia.
El quehacer científico está
matizado por la libertad de dudar, la construcción de oportunidades abiertas y
la excitación por descubrir. Y aunque se aduce que estos elementos son
atributos de la mente, en realidad son características del actuar cotidiano.
Cada acto del sujeto está relacionado a pensamientos, conocimientos y
sentimientos. El conocimiento científico, como toda construcción humana, está
plagada de subjetividad, desde el momento mismo de construir el problema de
investigación. Tal como Cereijido (1997:43) lo señala, en el quehacer
científico:
…la información recogida no se
reduce a la captada concientemente ni mucho menos a la medible
cuantitativamente, sino que incluye datos surgidos de olores, tibiezas,
humedades, sabores que se incorporan sin previa explicación, que son provocados
por feromonas y coscorrones y, por supuesto, la que surge de las emociones
asociadas. Luego, pintar, esculpir, dibujar, hacer música, cantar, bailar,
jugar, practicar deportes, escribir literatura, bromear, son formas de explorar
y experimentar que forman parte esencial del investigar y hacer ciencia.
Así, el quehacer científico
sintetiza las manifestaciones del homo sapiensdemens, a partir de los cuales,
se construyen modelos de realidad. Más que el consciente, es el inconsciente el
que está presente, Quien califica a la razón como atributo de la ciencia no ha
vivido el proceso.
Ahora bien, la ciencia es un
quehacer humano, pero no todos están en condiciones y posibilidades de hacerlo.
Las tareas científicas tienen sus
exigencias. Se transita por caminos escabrosos que implican preguntas,
asombros, desconciertos, incertidumbre. En este proceso de aproximaciones y
retornos reflexivos, el indicio y la perplejidad ante el misterio son
indispensables. Tal como lo señala Feynman, (2000:31), el premio al “término”
del camino es el placer de descubrir, la excitación del descubrimiento y el
observar que otros utilizan eso que se ha construido.
La relación entre quehacer
científico y educación es legítima, pero no se pueden ignorar las carencias y
errores conceptuales de los involucrados (llámense maestros en el contexto de
la escuela y periodistas o divulgadores en el contexto social), así como los
ambientes poco propicios para hacer presente la ciencia en la sociedad y en las
instituciones. Generalmente, se carece de estrategias de popularización de la
ciencia y la tecnología y no se han tendido puentes entre el mundo de la
ciencia y otros mundos (Sánchez Mora, 2000). Se ha ignorado que la ciencia se
gesta en el marco de procesos sociales y los maestros hemos sido en ocasiones
malos traductores del quehacer científico. Esto se debe en parte a que se carece de una cultura científica y,
en consecuencia, no se encuentran oportunidades para reintegrar la ciencia a la
cultura como una forma simbólica de comprender el mundo.
Hidalgo Guzmán (2000) refiere a
una metáfora: la escuela como comunidad científica en la cual el logro del
conocimiento exige reflexión, investigación y la prueba en la experiencia: se
trata de construir y no de definir.
Hacer presente la ciencia en la
sociedad y en la escuela ( M. Hazen y Trefil, 1999) se justifica porque a
través de la formación científica básica se participa de los siguientes
logros:
• Se comprenden las
transformaciones del mundo a través de que se cuenta con información
inteligible para participar en la toma de decisiones, ya que la ciencia es un
componente esencial de la cultura. El conocimiento científico otorga
conocimientos necesarios para entender los problemas públicos que aquejan al
ser humano. La participación social y la construcción de una democracia no son
posibles si se cuenta con sociedades analfabetas científica y
tecnológicamente.
• A nivel individual, la
participación inteligente en la vida personal necesita reconocer y evitar algunos fracasos cognitivos en los
cuales caemos frecuentemente. El ciudadano con sentido común actúa, toma
decisiones y qué mejor que lo haga con fundamento en el conocimiento y la
reflexión. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, lo que fundamenta
nuestro actuar y la toma de decisiones no es la razón, es el dogmatismo o el
prejuicio (cuando se afirma y se está seguro de cosas que no se saben). O en
ocasiones, nuestra base son las
supersticiones y en ellas mantenemos la supervivencia de las creencias muertas.
O peor aún, cuando el fanatismo es nuestra bandera y sólo se reconocen verdades
absolutas desde las cuales se explica el mundo. En este sentido, el
conocimiento científico funciona como la vacuna que nos inmuniza de la
estupidez. (Marina, 2004)
• En el nivel escolar, la ciencia permite que
las preguntas cotidianas del alumno sean traducidas en problemas para construir
aprendizajes. El centro de partida es el alumno con sus expectativas e
intencionalidades y las experiencias de aprendizaje son concebidas en términos
de tareas de investigación. Cabe hacer mención que no se trata sólo de
“aprender” las biografías de los grandes científicos, aunque son interesantes.
Tampoco es el caso recitar de memoria sus teorías. Lo importante es recrear el
quehacer científico a través de acontecimientos y preguntas que forman parte de
la vida cotidiana. En este aspecto, el maestro tiene un gran reto: fungir como
acompañante cognitivo a través del diseño de estrategias que contribuyan a la
construcción del conocimiento y a la comprensión de “lo real”.
SESION NO. 5 CIENCIA, TECNOLOGIA Y SOCIEDAD
Nuestro mundo es muy
diferente al de hace cien o quinientos años. Esto es algo obvio y comúnmente
aceptado. Pero lo verdaderamente distinto, lo que hace nuestro mundo y nuestro
tiempo diferente de los anteriores, es el grado de desarrollo que ha alcanzado la
ciencia (hay quien habla del siglo XX como el siglo de la ciencia) y la
tecnología, o, para ser más exactos, la tecnociencia o el complejo
científico-tecnológico, como también se las conoce hoy. Bueno, ¿y qué? Alguien
podría decir que en nuestro tiempo la ciencia y la tecnología han avanzado
mucho, pero que eso es lo normal. Eso es lo que le ha sucedido a todas las
ramas del saber y a otras muchas actividades humanas como la música, la
pintura, el cine, la arquitectura, la poesía, etc. Que la ciencia y la
tecnología modernas hayan avanzado mucho no debería extrañarnos, es lo normal
cuando va pasando el tiempo; y no debería ser considerado como algo singular,
sucede en todos los ámbitos de la actividad humana. Sin embargo, en el siglo XX
ha sucedido algo muy especial con la ciencia y la tecnología que no ha pasado
con el resto de las actividades humanas. El desarrollo tecnocientífico ha sido
de tal magnitud y naturaleza que ha afectado radicalmente a las formas de vida
social. Alguien podría obviar el desarrollo en los diversos ámbitos del arte a
lo largo del siglo XX considerando que no ha afectado a su vida y quizá podría
tener razón. Pero nadie podría decir que no ha sido influido por el desarrollo
de la ciencia y la tecnología, porque éstas, a diferencia de otras actividades
humanas, se imponen a todo el mundo. Nadie que viva en sociedad puede escapar a
los efectos del desarrollo que se ha producido en la ciencia y la tecnología a
lo largo del siglo XX.
Independientemente de que
haya o no materias de ciencias y de tecnologías en las instituciones escolares
y de que existan o no en los currículos educativos contenidos específicos de
CTS, todas las formas de vida humana están y van a seguir estando afectadas por
la tecnociencia. Por ello, las relaciones entre la ciencia, la tecnología y la
sociedad deberían importar de una forma muy directa a todos los ciudadanos al
margen de las inclinaciones o afinidades personales que puedan sentirse ante
los contenidos que tratan.
La sociedad está invadida
por los productos de la ciencia y tecnología. De entrada, la vida social está
afectada por lo más obvio, lo que se ve todos los días y a todas horas: los
artilugios. El horno microondas, el teléfono celular, la televisión, la
Internet, las naves espaciales, los medicamentos, los automóviles, como tantas
otras cosas, son ejemplos de artefactos tecnológicos actuales. En esto de los
cacharros es donde quizá sea más evidente una de las ideas predominantes en
nuestro tiempo: la sociedad, o sea la gente, avanza. Suele considerarse que
cada vez se vive mejor porque cada vez se tienen más y mejores artefactos que
liberan a los seres humanos de los trabajos más duros y monótonos. De hecho,
los grandes avances tecnológicos de la medicina hacen que hoy se viva más y
mejor que antes (o, al menos, así es en las sociedades más desarrolladas,
porque en el tercer mundo, al que esos progresos de la tecnología sanitaria no
llegan en el mismo grado, se sigue viviendo igual de poco e igual de mal;
incluso dentro de los países más ricos sigue habiendo quienes viven en su
particular tercer mundo, sin que les lleguen los dones benefactores del
progreso tecnocientífico). Pero, además de los artefactos y productos
materiales derivados del desarrollo de la ciencia y la tecnología que
proporcionan bienestar a las sociedades (o a algunas sociedades) existen
también otros efectos de la tecnología y de la ciencia, no por menos visibles
menos importantes para la vida en sociedad. Hay también otras máquinas y otros
artefactos tecnológicos que no tienen una naturaleza material, pero que son tan
artificiales y tan construidos como los artilugios que se pueden ver y tocar.
Las llamadas máquinas sociales son también productos tecnológicos (en este
caso, de las tecnologías de organización social) que afectan a la vida en
sociedad de manera tanto como los artefactos tangibles. En una fábrica o en un
ejército, además de las máquinas diseñadas para la producción y la destrucción,
respectivamente, hay otras máquinas también artificiales y no menos importantes
que las cadenas de montaje o las armas para el logro de los fines de cada una
de esas instituciones. El reparto de jerarquías y la organización de las
funciones entre obreros, ingenieros, supervisores y administradores en el caso
de la fábrica o entre soldados, mandos y estrategas en el del ejército, son tan
importantes o más que la calidad de los artilugios materiales de los que se
disponga. Pero no son éstos los únicos ejemplos de máquinas sociales o
tecnologías de organización social que afectan cotidianamente a nuestras vidas.
Los restaurantes de comida rápida, las iglesias, los lugares de diversión, los
centros comerciales y hasta las mismas escuelas son escenarios artificiales en
los que las tecnologías de organización social producen notables efectos sobre
las formas de vida de los seres humanos. Esta frontera difusa entre las
tecnologías materiales y la vida social sólo se percibe cuando se amplían los
conceptos de tecnología y de artefacto tecnológico a las diversas formas
posibles de organización social, las cuales son tan artificiales, tan
artefactuales, como los objetos materiales. Así, lo tecnológico es también lo
que transforma y construye la realidad social.
La importancia de la
tecnociencia en la vida social actual podría seguir mostrándose indefinidamente
a través de numerosos ejemplos más o menos evidentes para todos. ¿Quién no ha
oído hablar de clonación, de alimentos transgénicos, de vacas locas, de viajes
espaciales o de genes que supuestamente determinan la obesidad o la
inteligencia? Los periódicos sorprenden todos los días con noticias sobre estas
cuestiones y tanto la televisión como el cine prometen mundos futuros donde
todo será transformado por los efectos del desarrollo de la ciencia y la
tecnología.
Sin embargo, al mismo tiempo
que hay quienes auguran el advenimiento en el futuro de un mundo feliz gracias
al progreso tecnocientífico, cada vez más gente es partidaria de una vuelta a
la naturaleza prescindiendo de todo lo artificial y lo tecnológico. En el cine
hay muchas películas futuristas en las que aparecen fantásticas tecnologías que
solucionarán todos los problemas, pero también en muchas otras películas se
presenta, de forma más pesimista, un futuro en el que las tecnologías
provocarán graves catástrofes como guerras hipertecnológicas o desastres
naturales provocados, voluntaria o accidentalmente, por la actividad
tecnológica descontrolada o por el desmedido afán de algunos científicos locos.
Lo único que parece unir a
esos dos puntos de vista, optimista y pesimista, sobre la tecnociencia es que
tanto los tecnófilos (que piensan que todos los problemas serán resueltos por
los avances científico-tecnológicos) como los tecnófobos (que consideran que
todos los problemas son provocados por las tecnologías) entienden que la
sociedad y los individuos poco pueden hacer ante la ciencia y la tecnología,
como no sea admirarlas o detestarlas. Así, tecnoapocalípticos y tecnointegrados
coinciden en que los ciudadanos no pueden intervenir en la orientación del
desarrollo de la ciencia y la tecnología ya que tales decisiones están en manos
de los expertos en ciencia y tecnología.
Frente a estas imágenes
tópicas y radicalizadas de la ciencia y la tecnología, la perspectiva CTS
defiende que las relaciones de la sociedad con ellas no deben reproducir las
tradicionales relaciones de los profanos con la sagrada divinidad (sea ésta un
dios -para los tecnófilos- o un demonio -para los tecnófobos). La aproximación
CTS a las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad pretende introducir
una racionalidad laica al analizar la interacción entre esos tres ámbitos.
Favorecer una percepción más
ajustada y crítica de los temas de ciencia y tecnología, así como de sus
relaciones con la sociedad, será el primer objetivo de la perspectiva CTS. El
segundo, de carácter más práctico, será promover la participación pública de
los ciudadanos en las decisiones que orientan los desarrollos de la ciencia y
la tecnología a fin de democratizar y acercar a la sociedad las
responsabilidades sobre su futuro.
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